
Por algo que empieza por casualidad. Buscas que esa persona te mire, se detenga y empiezas a ser adicta de sus besos y caricias, de ver sus ojos y sentir cerca su olor impregnado para siempre en tu piel. Notas que el tiempo se detiene a su lado, pero a al vez fluye deprisa, mas que nunca.
Y comienzas a ver mas allá de sus ojos, a ir más allá que sus palabras. Nunca me cansaré de repetir lo mucho que me has ayudado a volver a ser yo, a ser natural; a volver a ser asional sin intentar esconderlo, hacer locuras...
Sabes, esas personas sí existen. Me lo demuestras día a día.
P

